A nadie que viva en una ciudad le sorprenderá saber que el silencio se ha convertido en oro. De hecho, estudios sobre los niveles de ruido en restaurantes han encontrado que toda las superficies limpias y minimalistas que se usan ahora reflejan constantemente el sonido, y llegamos a los 110 decibles de ruido de fondo. Eso es incluso más alto que el escape de una motocicleta y solo 5 decibeles más bajo que un concierto de rock. Pero además tenemos el ruido de la calle, que alcanza volúmenes tan altos que ocasionan daños irreversibles al oído y al sistema nervioso. El envejecimiento prematuro de los oídos puede llegar a deprimir a quien lo padece, darle dolor de cabeza, mal humor y embrutecimiento. Todo esto está comprobado por la ciencia, pero los citadinos lo sabemos de primera mano.

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